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miércoles, 1 de abril de 2009

CARTA DE BOLÍVAR RECOMENDANDO EL CORÁN PARA LA AMÉRICA

Bismil-lahir- Rahmanir- Rahim.
(En el nombre de Allàh el Clemente el misericordioso).

A continuación les presento una carta en texto original de nuestro libertador Simón Bolívar, dirigida a su amigo General Daniel Florencio O’Leary, fechada el 13 de Septiembre de 1829, escrita en Guayaquil Ecuador.

En esta época la salud del Libertador estaba muy deteriorada, el mismo ya veía venir la muerte, y su preocupación rondaba màs allá que su propia salud, en la fragilidad moral de la patria..

En esta misiva el Libertador hace referencia a los estilos o formas de gobierno que se disputaban la oligarquía antinacional, donde plantea dos alternativas factibles para mejorarlas condiciones socioeconómicas de la república; una de ella es la igualdad humana mediante su regularización legal, y la otra mediante el cambio de Moral Ciudadana.

Pensamientos Bolivarianos referentes a esto:

(... Moral y luces son los dos polos de la República...)

(.... Moral y luces son nuestras primeras necesidades...)

(... La Religión es la Ley de la Conciencia...)

(… Yo pienso que mejor sería para la América adoptar el Corán que el gobierno de los Estados Unidos, aunque es el mejor del mundo...)

(... Dios es testigo de la pureza de mis intenciones; la posteridad será lo bastante recta para hacerme justicia...)

(… Dios aprueba la creación de un gobierno cuyo fin es el bien de la comunidad, o cuando no es la obra de la propia comunidad, según su voluntad y no según su fuerza, que ningún derecho da la fuerza…)

Simón Bolívar.

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Carta de Bolívar al general Daniel Florencio O'Leary

Texto Original:
Guayaquil, 13 de septiembre de 1829

Señor general Daniel F. O'Leary.
Mí querido O'Leary:

Ya Vd. estará impuesto de que he salido de una enfermedad de bilis, que me ha dejado bastante débil y convencido de que mis fuerzas se han agotado casi todas. No es creíble el estado en que estoy, según lo que he sido toda mi vida: y bien sea que mi robustez espiritual ha sufrido mucha decadencia o que mi constitución se ha arruinado en gran manera, lo que no deja duda es que me siento sin fuerzas para nada y que ningún estímulo puede reanimarlas. Una calma universal, o más bien una tibieza absoluta me ha sobrecogido y me domina completamente. Estoy tan penetrado de mi incapacidad para continuar más tiempo en el servicio público, que me he creído obligado a descubrir a mis más íntimos amigos la necesidad que veo de separarme del mando supremo para siempre, a fin de que se adopten por su parte aquellas resoluciones que les sean más convenientes.

A primera vista aparecerá a Vd. y a mis amigos este acontecimiento bajo un aspecto extraordinario y funesto, y, sin embargo, nada es más natural y necesario, sea cual fuere la naturaleza del efecto que produzca. Considérese la vida de un hombre que ha servido veinte años, después de haber pasado la mayor parte de su juventud, se verá que poco o nada le queda que ofrecer en el orden natural de las cosas. Ahora, si se atiende a que esta vida ha sido muy agitada y aun prematura, que todos los sufrimientos físicos y morales han oprimido al individuo de que se trata, entonces se debe deducir que cuatro o seis años más son los que le restan de vida; cuatro o seis años de poca utilidad para el servicio y de muchas penas para el doliente. Yo juzgo sin preocupación, sin interés, y con cuanta imparcialidad me es dable; juzgo, digo, que por grande que fuera la pérdida no se debe sentir, y antes bien es de desearse como un mal menor al que debe temerse.

Observemos el estado de la república, que presenta, desde luego, por una parte un caos próximo, y por otra un aspecto triunfante. Hemos vencido al Perú y a las facciones domésticas. Sin duda, todos convendrán, poco más o menos, en que hemos tenido derecho y razón para abatir a nuestros enemigos, que lo eran también de la felicidad de Colombia. Los ciudadanos que tienen el mando, las influencias y la preponderancia, son los mismos que me han acompañado en los sacrificios de la guerra y de los trabajos domésticos. Ellos están en todo su vigor y fuerza moral: se hallan revestidos de la autoridad pública; poseen los medios necesarios para sostenerla; y la opinión más general les acompaña y ayuda a salvar la patria. Estos personajes están ahora gozando de juventud y de vigor intelectual; por lo mismo, pues, tienen la capacidad que se requiere para defender el estado y su propio puesto. No será así dentro de cuatro o seis años más; ellos serán entonces lo que yo soy ahora: la edad les aniquilará y les someterá a merced de sus enemigos, o bien de los sucesores. Llegada aquella época faltaría yo indefectiblemente, y conmigo todos los que me apoyan. Por consiguiente, faltarían de repente todas las columnas de este edificio y su caída sería mortal para los que debajo. ¿Qué remedio habría que aplicar a tamaño mal? ¿No quedaría la sociedad disuelta y arruinada juntamente? ¿No sería esto el mayor estrago posible? En verdad que sí; mejor, pues, me parece preparar con anticipación esta catástrofe, que no se puede evitar aunque se hicieran esfuerzos sobrenaturales.

La fuerza de los sucesos y de las cosas impele a nuestro país a este sacudimiento, o llámese mudanza política. Yo no soy inmortal; nuestro gobierno es democrático y electivo. De contado las variaciones que se pueda hacer en él no han de pasar de la línea de provisorias; porque hemos de convenir en que nuestra posición o estado social es puramente interino. Todos sabemos que la reunión de la Nueva Granada y Venezuela existe ligada únicamente por mi autoridad la cual debe faltar ahora o luego, cuando quiera la Providencia, o los hombres. No hay nada tan frágil como la vida de un hombre: por lo mismo, toca a la prudencia precaverse para cuando llegue ese término. Muerto yo ¿qué bien haría a esta república? Entonces se conocería la utilidad de haber anticipado la separación de estas dos secciones durante mi vida; entonces no habría mediador ni amigo ni consejero común. Todo sería discordia, encono, división.

Supongamos que la sabiduría del congreso constituyente que va a reunirse en enero lograra acertar en sus reformas legislativas, ¿cuáles pueden ser éstas? Consultemos la extensión de Colombia, su población, el espíritu que domina, la moda de las opiniones del día, el continente en que se halla situada, los estados que la rodean y la resistencia general a la composición de un orden estable. Encontraremos por resultado una serie de amenazas dolorosas que no nos es dable desconocer. Nuestra extensión exige una de dos especies de gobierno enteramente opuestas, y ambas a dos extremadamente contrarias al bien del país: la autoridad real, o la liga general son las únicas que nos pueden convenir para regir esta dilatada región. Yo no concibo que sea posible siquiera establecer un reino en un país que es constitutivamente democrático, porque las clases inferiores y las más numerosas reclaman esta prerrogativa con derechos incontestables, pues la igualdad legal es indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza. Además, ¿quién puede ser rey en Colombia? Nadie, a mi parecer, porque ningún príncipe extranjero admitiría un trono rodeado de peligros y miserias; y los generales tendrían a menos someterse a un compañero y renunciar para siempre la autoridad suprema. El pueblo se espantaría con esta novedad y se juzgaría perdido por la serie de consecuencias que deduciría de la estructura y base de este gobierno. Los agitadores conmoverían al pueblo con armas bien alevosas y su seducción sería invencible, porque todo conspira a odiar ese fantasma de tiranía que aterra con el nombre sólo. La pobreza del país no permite la erección de un gobierno fastuoso y que consagra todos los abusos del lujo y la disipación. La nueva nobleza, indispensable en una monarquía, saldría de la masa del pueblo, con todos los celos de una parte, y toda la altanería de la otra. Nadie sufriría sin impaciencia esta miserable aristocracia cubierta de pobreza e ignorancia y animada de pretensiones ridículas... No hablemos más, por consiguiente, -de esta quimera.

Todavía tengo menos inclinación a tratar del gobierno federal; semejante forma social es una anarquía regularizada, o más bien es la ley que prescribe implícitamente la obligación de disociarse y arruinar el estado con todos sus individuos. Yo pienso que mejor sería para la América adoptar el Corán que el gobierno de los Estados Unidos, aunque es el mejor del mundo.

Aquí no hay que añadir más nada, sino echar la vista sobre esos pobres países de Buenos Aires, Chile, Méjico y Guatemala. También podemos nosotros recordar nuestros primeros años Estos ejemplos solos nos dicen más que las bibliotecas.

No queda otro partido a Colombia que el de organizar, lo menos mal posible, un sistema central competentemente proporcionado a la extensión del territorio y a la especie de sus habitantes. Un estado civilizado a la europea presenta menos resistencia al gobierno de parte del pueblo y de la naturaleza que una pequeña provincia de América, por las dificultades del terreno y la ignorancia del pueblo; por lo mismo, nos veremos forzados a dar a nuestras instituciones más solidez y energía que las que en otros países se juzgan necesarias. Colombia no sólo tiene la extensión de un estado europeo, sino que puede contener en su recinto muchas de aquellas naciones. ¿Cuáles no serán nuestros embarazos y dificultades para manejar un dilatadísimo imperio con los brazos de un gobierno apenas capaces de gobernar mal una provincia?

Si he de decir mi pensamiento, yo no he visto en Colombia nada que parezca gobierno ni administración ni orden siquiera. Es verdad que empezamos esta nueva carrera y que la guerra y la revolución han fijado toda nuestra atención en los negocios hostiles. Hemos estado como enajenados en la contemplación de nuestros riesgos y con el ansia de evitarlos. No sabíamos lo que era gobierno y no hemos tenido tiempo para aprender mientras nos hemos estado defendiendo. Mas ya es tiempo de pensar sólidamente en reparar tantas pérdidas y asegurar nuestra existencia nacional.

El actual gobierno de Colombia no es suficiente para ordenar y administrar sus extensas provincias. El centro se halla muy distante de las extremidades. En el tránsito se debilita la fuerza y la administración central carece de medios proporcionados a la inmensidad de sus atenciones remotas. Yo observo esto cada instante. No hay prefecto, no hay gobernador que deje de revestirse de la autoridad suprema y, las más veces, por necesidades urgentes. Se podría decir que cada departamento es un gobierno diferente del nacional, modificado por las localidades y las circunstancias particulares del país, o del carácter personal. Todo esto depende de que el todo no es compacto.

La relajación de nuestro lazo social está muy lejos de uniformar, estrechar y unir las partes distantes del estado. Sufrimos, sin poderlo remediar, tal desconcierto, que sin una nueva organización el mal hará progresos peligrosos.

El congreso constituyente tendrá que elegir una de dos resoluciones
Únicas que le quedan en la situación de las cosas:

1. La división de la Nueva Granada y Venezuela.
2. La creación de un gobierno vitalicio y fuerte.

En el primer caso la división de estos dos países debe ser perfecta, justa y pacífica. Declarada que sea, cada parte se reorganizará a su modo y tratará separadamente sobre los intereses comunes y relaciones mutuas. Yo creo que la Nueva Granada debe quedar íntegra, para que pueda defenderse por el Sur de los peruanos y para que Pasto no venga a ser su cáncer. Venezuela debe quedar igualmente íntegra, tal como se hallaba antes de la reunión.

Por más que se quiera evitar este evento, todo conspira a cumplirlo. Muchos inconvenientes tiene en sí mismo; mas quién puede resistir al imperio de las pasiones y de los intereses más inmediatos Yo no veo el modo de suavizar las antipatías locales y de abreviar las distancias enormes. En mi concepto, estos son los grandes obstáculos que se nos oponen a la formación de un gobierno y un estado solo. Siempre hemos de venir a caer en este escollo, y toca a nuestro valor franquearlo con resolución.

Fórmense dos gobiernos ligados contra los enemigos comunes, y conclúyase un pacto internacional que garantice las relaciones recíprocas: lo demás lo hará el tiempo, que es pródigo en recursos.

Mientras teníamos que continuar la guerra, parecía, y casi se puede decir que fue conveniente la creación de la república de Colombia.

Habiéndose sucedido la paz doméstica y con ella nuevas relaciones, nos hemos desengañado de que este laudable proyecto, o más bien este ensayo, no promete las esperanzas que nos habíamos figurado. Los hombres y las cosas gritan por la separación, porque la desazón de cada uno compone la inquietud general. Últimamente la España misma ha dejado de amenazarnos; lo que ha confirmado más y más que la reunión no es ya necesario, no habiendo tenido ésta otro fin que la concentración de fuerzas contra la metrópoli.

El día que se selle este acto se llenará de gozo la parte agente de la población, sobre todo los que la dirigen sin cesar y son los verdaderos móviles de la sociedad.

La erección de un gobierno vitalicio, o como se quiera, pero siempre conforme a la opinión pública, será el otro extremo que puede adoptar el congreso. Desde luego, la conservación de la república de Colombia ofrece ventajas reales y consideración exterior. La España nos respetaría más; el Perú cumplirá los tratos que celebre; y las naciones americanas en general continuarán sus miramientos. Los ciudadanos de ambos países hallarán menos estímulos que les inclinen a las discordias fronterizas; y la deuda nacional no será un gran motivo de Todo esto es de mucha importancia. ¡Ojala pudiéramos conservar esta hermosa unión!
Es preciso que Colombia se desengañe y que tome su partido, porque no la puedo mandar más.. Esto es hecho, y pasemos a los inconvenientes.

¿Qué hará, pues, el congreso para nombrarme un sucesor? ¿Será granadino o venezolano? ¿Militar o civil?

Los granadinos deben desear tener un presidente de su país; un venezolano los ha mandado más de diez años. Los venezolanos dirán que ellos están sujetos a la capital de la Nueva Granada y a la influencia de sus hijos y que la única esperanza que les queda es la de que un venezolano mande en jefe. Aquí se reúnen muchos inconvenientes de una y otra parte, y, sin embargo, no son estos solos.

¿Mandarán siempre los militares con su espada? ¿No se quejarán los civiles del despotismo de los soldados? Yo conozco que la actual república no se puede gobernar sin una espada, y, al mismo tiempo, no puedo dejar de convenir que es insoportable el espíritu militar en el mando civil. Siempre tendrá el congreso que volver a la cuestión de dividir el país, hágase lo que se quiera, la elección de presidente ha de ser reprobada.

Yo haré, no obstante, cuanto dependa de mí para sostenerla: velaré alrededor del gobierno con un celo infatigable; a la autoridad suprema toda mi influencia; volaré a las provincias a defenderlas con las armas que se me confíen para ello. El gobierno, en fin, sería fuerte en cuanto dependa de mí y de mis amigos, a quienes comprometeré por el bien de la causa.

Soy de Vd. de corazón.
BOLÍVAR


Assalamualeikum Hermanos/as.
Prof. Alfredo Díaz (Shiatu¨A´li).

jueves, 26 de marzo de 2009

ISLÁM, REVOLUCIÓN Y ANTIIMPERIALISMO

Islám, Revolución, y Antiimperialismo.

El ejemplo profético a lo largo de la historia teológica ha denotado la lucha por la reivindicación de los derechos de los más débiles y oprimidos, todos los profetas entre ellos: Noé, Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, Moisés, Jesús, y Muhammad (Que la paz y las Bendiciones de Alláh sean con cada uno de ellos), Han originado grandes revoluciones en sus pueblos y tiempos históricos respectivos, estas revoluciones no se limitaron a un ámbito etéreo espiritual, si no que trastocaron las bases mismas de la sociedad universal, en lo ético, lo económico, lo político, lo moral y cultural.

"Enviamos a Noé a su pueblo, permaneció entre ellos novecientos cincuenta años, y el diluvio los sorprendió en medio de su iniquidad". (El Noble Corán 29:14).

"Luego después de ello enviamos a Moisés con nuestros signos al Faraón y sus dignatarios, pero fueron injustos con ellos. ¡Y mira como terminaron los corruptores!". (El noble Corán 7:103).

"Y cuando Jesús hijo de María dijo a los hijos de Israel, ¡Yo soy el que Alláh os ha enviado en confirmación de la Toráh anterior a mí, y como nuncio de un enviado que vendrá después de mí llamado Ahmad!, Pero cuando vino a ellos con las pruebas claras dijeron: ¡Eso es hechicería evidente!. (El Noble Corán 61:6).

"Ya sabemos que es lo que dice (los incrédulos), te entristecen (a Muhammdad). No es a ti quien desmienten, si no que más bien, lo que los impíos rechazan son los signos de Alláh; también fueron rechazados ante de ti otros enviados, pero sufrieron con paciencia ese mentís y vejación hasta que les llegó nuestro auxilio. No hay quien pueda cambiar la palabra de Alláh..." (El Noble Corán 6:33-34).

En estos versos del Noble Corán se denota las adversas condiciones a las cuales se enfrentaron los profetas para desencadenar las grandes revoluciones que sus sociedades requerían, todos ellos predicaron la absoluta unicidad de Dios, se opusieron a la explotación del hombre por el hombre, y a la inmoralidad de los grandes imperios de su época, Como lo fue Moisés (a.s*), Exhortando al Imperio Egipcio para la liberación de su pueblo, Jesús (a.s) amonestando al Imperio Romano y a las Cúpulas Sacerdotales Judías por la Igualdad y la Justicia, tenemos a Abraham (a.s) desafiando a su Pueblo idólatra por el Tawhid (Unicidad de Alláh), y también tenemos el último mensajero de Dios, Muhammdad, combatiendo a los magnates Quraishítas (Tribu Regente de la Meca) en pos de completar el mensaje profético que prosiguió a sus antecesores.

El Islám no está limitado a establecer reglas rituales metafísicas para la praxis de la religión, trastoca hasta Mecanismos Económicos para la búsqueda de la igualdad entre los hombres, Ejemplo de ello es el Azaque (Impuesto del 2,5% pagado solo por los ricos que está destinado para los pobres).

"La Caridad es solo para los necesitados, los pobres, los limosneros, aquellos para ganar su voluntad, también para los cautivos, los insolvente, para la causa de Alláh, además para el viajero. Es un deber impuesto por Alláh, y Alláh es el omnisciente, el sabio". (El Noble Corán 9:60).

El Islám también condena mecanismos económicos perversos de enriquecimiento como lo es la Usura:

"Creyentes no usuréis doblando una y otra vez, y temed a Alláh, quizás así prosperéis". (El Noble Corán 3:130).

También se hace referencia al trato de los esclavos, sirvientes, encargados o personas bajo tutela, recomendando su liberación y reivindicación:

"Y ¿Cómo sabrás que es la Cuesta?, Es liberar a un esclavo, es alimentar en tiempos de hambre a un pariente próximo, al huérfano o a un pobre en la miseria". (El Noble Corán 90:12-16).

El Islám también ordena la desobediencia a cualquier autoridad que promueva y practique la corrupción e inmoralidad:

"No obedezcáis las órdenes de los inmoderados". (El Noble Corán 26:151).

También el patriotismo es parte de la Fe dentro de la religión islámica, cuando la integridad de la nación corre peligro y el país está al asedio de una invasión extranjera, que busca expoliar los recursos naturales y someter al pueblo, menoscabando la soberanía de los ciudadanos como ocurre en Palestina, Irak, Afganistán y Chechenia; en este sentido Dios (Alabado Sea) ordena la Defensa de la Nación:

"Combatid en el camino de Alláh contra aquellos que te combaten, pero no os excedáis, Alláh no ama aquellos que se exceden". (El Noble Corán 2:190).

Pero ¿Qué significa no excederse?, implica no matar y proteger a los inocentes, también significa no cometer actos de crueldad:

"...Quién matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, es como si matara a la humanidad entera, Y quien salvara a una vida es como si salvara a todas las vidas de la humanidad...". (El Noble Corán 5:32).

Cabe destacar que el Yihad o "Esfuerzo por la preservación del bien", es única y exclusivamente en Defensa de la Nación, cuando todos los mecanismos de negociación pacíficos han sido agotados, nunca el Yihad es ofensivo, no debe atender a la venganza ni al desquite, sencillamente obedece al derecho internacionalmente reconocido como autodefensa de los pueblos. "El Islám es la religión de la paz y la razón":

"Si al contrario se inclinan hacia la paz (los enemigos), inclínate tu también hacia ella y confía en Alláh, pues es él quien todo lo oye, quien todo los sabe". (El Noble Corán 8:61).

Pero no se crea que el Yihad es solo combatir con heroísmo en contra de los opresores que invaden a tu nación, El Yihad también implica la auto superación y el mejoramiento del carácter del individuo.

"El restablecimiento de la justicia y el cooperativismo es otra obligación para todos los musulmanes Como Prueba de su Fe:

"...Cooperad los unos a los otros a practicar la piedad y el temor a Alláh, no el pecado ni la violación de la ley..." (El Noble Corán 5:2).

En un mundo corrompido, el sentido de justicia es lo que motiva el carácter revolucionario del musulmán, la búsqueda de equilibrios entre los ricos y los pobres hacen que la religión islámica sea una fe de sensibilidad social, la oposición a mecanismos económicos de enriquecimiento perversos como lo son la usura y a la explotación del hombre por el hombre, hacen que el Islám sea un sistema ético y moral no conveniente para el Capitalismo Neoliberal y Salvaje, y el fomento del cooperativismo y la práctica de la justicia y muchas cosas más, hacen de la religión Islámica un soporte moral y alternativo ante el materialismo individualista que flagela al mundo de hoy.

Este sistema ético, moral y espiritual obedece al designio de Dios (Alabado Sea), y no hace distinción entre los seres humanos:

"Que sepáis que cada musulmán es el hermano de otro musulmán y Sois todos iguales, Nadie es superior sobre otro, salvo en piedad y buenas acciones".

"No te hemos enviado (a Muhammad s.a.s) sino como nuncio de buenas nuevas y como profeta a todo el genero humano". (El Noble Corán 34:28).

Prof.- Alfredo Díaz